Farmacia del mar: Especies marinas con potencial bioactivo a 120 metros bajo el mar

Una posible herramienta contra el cáncer yace entre los 120 y los 170 metros de profundidad en el Mediterráneo, las zonas donde se practica la pesca de arrastre. Un estudio del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) y la Universidad de Girona (UdG), revela que allí también viven especies, como el tiburón gato, que contienen moléculas con propiedades antibacterianas, antioxidantes y antihipertensivas que son claves para la fabricación de nuevas medicinas. Esas sustancias solo se habían encontrado en aguas de poca profundidad.

Los científicos no dudan en calificar de “farmacia del mar” esta zona y por ello proponen una gestión que equilibre la explotación y conservación de estas especies y su entorno. La revista Marine Drugs publicó en su número de este mes un estudio realizado por el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) y el grupo de investigación SeaHealth de la UdG a varias millas al noreste de Blanes. Se encontraron un total de 64 especies “descartadas” por los pescadores de arrastre —por no tener valor comercial o por no tener las medidas legales— y nueve de ellas son portadoras de moléculas con potencial bioactivo. De las 45 restantes en la bibliografía consultada no hallaron ningún estudio sobre su potencial.

Alfredo García de Vinuesa, investigador del ICM-CSIC, está convencido de que el estudio “abrirá la puerta a futuras investigaciones que puedan detallar, ya en el laboratorio, el potencial bioactivo de estas especies y su uso en el campo de la biotecnología marina”. En concreto, el trabajo hace referencia a los hábitats de agregación de crinoideos (invertebrados, como por ejemplo los llamados lirios de mar), que en el Mediterráneo se encuentran entre 120 y 170 metros de profundidad y conforman el hábitat de varias especies, muchas de gran interés comercial y médico.

El equipo científico realizó campañas experimentales a bordo de barcos pesqueros para identificar las especies pescadas sobre esos hábitats de agregación de crinoideos y que eran descartadas por los pescadores. También realizó una extensiva investigación bibliográfica de los componentes bioactivos que pueden presentar esos ejemplares, algo innovador ya que hasta ahora la mayoría de especies con estos compuestos se han visto en hábitats mucho menos profundos y más cercanos a la costa.

Otra de las conclusiones relevantes del estudio, es que el 68% de las especies o géneros con moléculas bioactivas presentan una alta o media vulnerabilidad a la pesca de arrastre. Por ello, el trabajo, elaborado en el marco del proyecto CriMa, sugiere que se les proteja, priorizando la obtención en el laboratorio, de forma sintética, de sus moléculas bioactivas o gestionando su explotación de manera muy controlada.

Alfredo García de Vinuesa, investigador del ICM-CSIC, está convencido de que el estudio “abrirá la puerta a futuras investigaciones que puedan detallar, ya en el laboratorio, el potencial bioactivo de estas especies y su uso en el campo de la biotecnología marina”. En concreto, el trabajo hace referencia a los hábitats de agregación de crinoideos (invertebrados, como por ejemplo los llamados lirios de mar), que en el Mediterráneo se encuentran entre 120 y 170 metros de profundidad y conforman el hábitat de varias especies, muchas de gran interés comercial y médico.

El equipo científico realizó campañas experimentales a bordo de barcos pesqueros para identificar las especies pescadas sobre esos hábitats de agregación de crinoideos y que eran descartadas por los pescadores. También realizó una extensiva investigación bibliográfica de los componentes bioactivos que pueden presentar esos ejemplares, algo innovador ya que hasta ahora la mayoría de especies con estos compuestos se han visto en hábitats mucho menos profundos y más cercanos a la costa.

Otra de las conclusiones relevantes del estudio, es que el 68% de las especies o géneros con moléculas bioactivas presentan una alta o media vulnerabilidad a la pesca de arrastre. Por ello, el trabajo, elaborado en el marco del proyecto CriMa, sugiere que se les proteja, priorizando la obtención en el laboratorio, de forma sintética, de sus moléculas bioactivas o gestionando su explotación de manera muy controlada.

Foto: Grupo de investigación SeaHealth de la UdG

Fuente: elpais.com

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