El Niño podría reducir los huracanes en el Atlántico y aumentar la actividad ciclónica en el Pacífico
Mientras la formación de un fenómeno de El Niño ofrece la posibilidad de una temporada de huracanes menos activa en el océano Atlántico, los meteorólogos advierten que el escenario podría ser muy diferente en el Pacífico oriental, donde las condiciones serían más favorables para el desarrollo de ciclones tropicales.
La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) prevé que la temporada de huracanes del Atlántico, que se extiende del 1 de junio al 30 de noviembre, registre entre ocho y 14 tormentas con nombre, de las cuales entre tres y seis podrían convertirse en huracanes, y entre uno y tres alcanzarían la categoría 3 o superior. De cumplirse este pronóstico, la temporada estaría por debajo del promedio histórico.
Según la NOAA, el principal factor detrás de esta previsión es la alta probabilidad de que El Niño se consolide durante el verano boreal y se mantenga hasta el otoño.
“El impacto de El Niño suele favorecer una disminución de la actividad ciclónica en la cuenca del Atlántico, aunque todavía existe incertidumbre sobre cómo evolucionará la temporada”, explicó Ken Graham, director del Servicio Nacional de Meteorología de la NOAA.
¿Por qué El Niño reduce los huracanes en el Atlántico?
Cuando se desarrolla un episodio de El Niño, el calentamiento del Pacífico ecuatorial modifica la circulación atmosférica a escala global. Uno de sus efectos más importantes es el aumento de la cizalladura vertical del viento sobre el Atlántico tropical, es decir, fuertes diferencias en la velocidad y dirección del viento entre los niveles bajos y altos de la atmósfera.
Estas condiciones dificultan que las tormentas tropicales puedan organizarse y fortalecerse hasta convertirse en huracanes.
Sin embargo, los especialistas recuerdan que una temporada con menos ciclones no significa necesariamente menor riesgo. Basta con que un solo huracán intenso toque tierra para provocar pérdidas humanas y económicas de gran magnitud.
El Pacífico podría vivir una temporada mucho más activa
Mientras el Atlántico podría experimentar un respiro, el panorama cambia completamente en el Pacífico oriental.
En esta cuenca, El Niño suele favorecer el desarrollo de ciclones tropicales al proporcionar aguas superficiales más cálidas y una atmósfera más propicia para su formación e intensificación.
Por ello, la NOAA advirtió que la temporada ciclónica podría ser superior al promedio, incrementando el riesgo para la costa occidental de México, la península de Baja California, América Central e incluso Hawái. En determinadas condiciones atmosféricas, algunos ciclones también podrían acercarse al sur de California.
La experiencia demuestra que no hay garantías
Los meteorólogos recuerdan que la presencia de El Niño no elimina por completo la posibilidad de huracanes destructivos en el Atlántico.
En 2023, por ejemplo, coexistieron un episodio de El Niño y temperaturas excepcionalmente altas en el Atlántico tropical. El resultado fue una temporada mucho más activa de lo previsto, con 20 ciclones tropicales con nombre, impulsados por el enorme contenido de calor del océano.
Algo similar ocurrió en 2015 y 2018, años influenciados por El Niño en los que, pese a registrarse menos tormentas, huracanes como Joaquín y Michael alcanzaron gran intensidad y provocaron importantes daños.
Brian McNoldy, investigador de huracanes de la Universidad de Miami, señaló que el golfo de México y el mar Caribe continúan registrando temperaturas muy elevadas, cercanas a niveles récord. No obstante, indicó que en los trópicos profundos las condiciones son más cercanas a lo normal, lo que podría favorecer una temporada similar a la de 2015, cuando se formaron 11 ciclones con nombre.
Fuente: The New York Times







