¿Qué son las ondas Kelvin y por qué se utilizan para pronosticar el fenómeno de El Niño?
En los últimos meses, investigadores del clima han advertido sobre la posible formación del fenómeno de El Niño durante el verano austral. Aunque hasta el momento no se han configurado plenamente las condiciones para su desarrollo, resulta fundamental analizar antecedentes como el evento de 2016, así como tomar en cuenta la información reciente publicada por PerúPesquero, que señala que las condiciones típicas de El Niño aún no se han manifestado.
Sin embargo, la experiencia demuestra que eventos climáticos extremos como el de 2015-2016 pueden tener impactos a escala global. En el caso del Perú, sus efectos más intensos se sintieron a fines de marzo e inicios de abril de 2017, evidenciando la importancia de una vigilancia constante.
Preocupación por un posible Niño Costero
La posibilidad de que en los próximos meses se forme un Niño Costero genera preocupación entre los peruanos, especialmente en un contexto donde se ha mencionado un calentamiento “brusco e inesperado” del océano, que podría asemejarse a lo ocurrido en 2023.
Para anticipar el fenómeno de El Niño, los especialistas del clima deben analizar diversos indicadores, como la intensidad de los vientos Alisios y la temperatura del océano, tanto en superficie como en profundidad. A ello se suma el uso de imágenes satelitales, que permiten observar un fenómeno clave: las ondas Kelvin.
¿Qué son las ondas Kelvin?
Cuando se mide el nivel del mar mediante altímetros satelitales, no solo se observa la forma y altura del océano, sino también el movimiento de las ondas Kelvin (Vinogradova, 2023).
Las olas que comúnmente se observan en la playa se generan por la presión que ejerce la atmósfera sobre el agua. Estas variaciones de presión provocan que el agua se comprima y se expanda, dando origen al movimiento ondulatorio. Durante este proceso, las aguas cálidas de la superficie se mezclan con las más frías de las profundidades, generando corrientes oceánicas.
Las ondas Kelvin, descubiertas en 1879 por William Thomson (Lord Kelvin), responden a este mismo principio físico, pero a una escala mucho mayor. Estas ondas tienen una altura aproximada de 5 a 10 centímetros en la superficie del océano, pueden extenderse cientos de kilómetros de ancho y se desplazan de oeste a este a lo largo del Pacífico ecuatorial.
Cuando una onda Kelvin transporta aguas más cálidas hacia el Pacífico oriental, se incrementa la evaporación. A mayor evaporación, mayor es la probabilidad de precipitaciones intensas y eventos climáticos extremos, especialmente en regiones como la costa sudamericana.
“Las ondas Kelvin suelen observarse como un precursor del fenómeno de El Niño”, un patrón que ha sido evidente en eventos pasados como 1996-1997 y 2015-2016, cuando estas ondas fueron detectadas antes del desarrollo del fenómeno.
Es importante considerar que, en un escenario de aumento sostenido de las temperaturas globales debido al cambio climático, cualquier calentamiento adicional del mar- como el que puede provocar El Niño- puede tener consecuencias significativas, intensificando lluvias, huaicos, sequías y otros impactos climáticos.
Por ello, el monitoreo de las ondas Kelvin y de otros indicadores oceánicos continúa siendo una herramienta fundamental para la prevención y gestión del riesgo climático en el Perú y el mundo.
Para la construcción de este artículo se utilizó la investigación del Dr. Josh Willis- JPL Science- NASA







