¿Podría El Niño traer de vuelta la sardina al mar peruano después de 30 años?
El 20 de junio del presente año se viralizó en redes sociales un video en el que se observa cómo pescadores artesanales descargan varias cubetas de sardina (Sardinops sagax) en Pisco. Aunque se desconoce con exactitud el volumen extraído, el hecho abre una interrogante importante: ¿podría este evento El Niño, que se perfila como uno de los más intensos de los últimos 50 años, influir en el retorno de la sardina al mar peruano? Para responder a esta pregunta, es necesario revisar qué ocurrió con este recurso y cómo los cambios oceanográficos han influido históricamente en su abundancia y distribución.
Los eventos El Niño generan profundas alteraciones en las condiciones oceanográficas del mar peruano, modificando la temperatura del agua, la disponibilidad de alimento y la distribución de numerosas especies marinas. Como consecuencia, tanto los recursos pelágicos como los demersales experimentan cambios en sus procesos biológicos, incluyendo el desove, el crecimiento, los patrones de distribución y la abundancia de sus poblaciones.
La historia pesquera del Perú ofrece ejemplos claros de estos cambios. Durante la década de 1970, la anchoveta alcanzó niveles de abundancia extraordinarios, con capturas anuales superiores a los 10 millones de toneladas. Sin embargo, en 1972 este recurso sufrió una drástica reducción, atribuida no solo a la intensa sobreexplotación registrada en los años previos, sino también a los efectos del fuerte evento El Niño de 1972-1973. La situación volvió a agravarse con la ocurrencia del extraordinario fenómeno El Niño de 1982-1983.
Estos episodios de calentamiento oceánico, junto con el intenso evento El Niño de 1997-1998, provocaron importantes transformaciones en la estructura de los recursos pelágicos del ecosistema peruano. Mientras la anchoveta redujo su concentración y pasó de formar grandes agregaciones a una distribución más dispersa, la sardina encontró condiciones favorables para expandir su área de distribución y aumentar significativamente su abundancia.
Como resultado, las capturas de sardina superaron los 2 millones de toneladas anuales durante varios años, convirtiéndose en uno de los principales recursos pesqueros del país. Sin embargo, durante el evento El Niño de 1997-1998 la especie fue sometida a una intensa presión pesquera, especialmente sobre ejemplares juveniles, pues fue capturada cuando apenas tenía un año de edad, pese a que requiere aproximadamente tres años para completar adecuadamente su ciclo biológico y alcanzar su madurez reproductiva. Posteriormente, la llegada de condiciones frías asociadas al fenómeno La Niña contribuyó a una rápida disminución de sus poblaciones, hasta el punto de que la sardina prácticamente desapareció de las capturas comerciales desde 1999.
Los antecedentes científicos indican que tanto los eventos El Niño como la sobrepesca tuvieron efectos distintos sobre la anchoveta y la sardina. En el caso de la anchoveta, estos factores afectaron negativamente su ciclo reproductivo, reduciendo la intensidad del desove y la supervivencia de huevos y larvas. Por el contrario, la sardina encontró condiciones favorables para su reproducción, logrando procesos exitosos de desove y postdesove que permitieron incrementar sus poblaciones por encima de los niveles habituales. Durante ese período predominaban ejemplares sexualmente maduros con tallas superiores a los 20 centímetros.
Asimismo, la experiencia internacional demuestra que los cambios asociados a eventos El Niño extremos pueden modificar profundamente la distribución y abundancia de las especies pelágicas. Un ejemplo emblemático ocurrió con la sardina japonesa. Tras el intenso evento El Niño de 1925, esta especie experimentó una drástica disminución de su biomasa y permaneció en niveles muy reducidos durante más de cinco décadas. Sorprendentemente, volvió a recuperarse a inicios de la década de 1980, coincidiendo con la ocurrencia del extraordinario fenómeno El Niño de 1982-1983.
Frente a estos antecedentes surge una pregunta inevitable: ¿podría ocurrir algo similar en el Perú con la sardina? Antes de desaparecer de las capturas comerciales, este recurso llegó a registrar desembarques superiores a los 3 millones de toneladas durante la década de 1980.
También es importante recordar que existe un debate científico respecto a si la sardina y la anchoveta compiten directamente por alimento y espacio ecológico durante varias etapas de su ciclo de vida. Esta hipótesis es discutible, debido a que la sardina suele distribuirse más hacia zonas oceánicas, mientras que la anchoveta se concentra principalmente en áreas costeras. Por ello, ambas especies no comparten de manera permanente las mismas áreas de distribución.
Si bien no puede descartarse completamente una competencia por el espacio en determinadas zonas costeras, esta resulta poco probable. Además, ambas especies presentan diferencias en sus hábitos alimenticios. La anchoveta consume partículas de mayor tamaño, mientras que la sardina posee una mayor capacidad para filtrar fitoplancton. No obstante, las dos especies mantienen una dieta basada principalmente en el zooplancton.
En consecuencia, el éxito reproductivo y la supervivencia de ambas especies dependen en gran medida de las condiciones ambientales predominantes. En términos generales, los períodos cálidos suelen favorecer a la sardina, mientras que los períodos fríos benefician a la anchoveta.
En ese contexto, los eventos cálidos registrados entre 2014 y 2017, el fenómeno El Niño de 2023 y el actual evento proyectado para 2026-2027 podrían estar generando condiciones favorables para una eventual recuperación de la sardina en el mar peruano. Aunque todavía es prematuro afirmarlo con certeza, la reciente presencia de esta especie en desembarques artesanales en Pisco podría constituir una señal que merece ser monitoreada de cerca por la comunidad científica y las autoridades pesqueras.







