¿Podría la geoingeniería debilitar el futuro super El Niño? Un estudio explora el potencial del blanqueamiento de nubes marinas
Mientras el mundo sigue de cerca la evolución del calentamiento del océano Pacífico y la posibilidad de un El Niño global de gran intensidad, un grupo de científicos plantea una alternativa que hasta hace pocos años parecía propia de la ciencia ficción: utilizar técnicas de geoingeniería para reducir la fuerza del fenómeno antes de que alcance su máxima intensidad.
La propuesta fue presentada en un estudio publicado en la revista Science Advances, donde investigadores de la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos) analizaron, mediante modelos climáticos, si el blanqueamiento de nubes marinas (Marine Cloud Brightening o MCB) podría debilitar el desarrollo de El Niño.
El principio de esta técnica consiste en liberar diminutas partículas de aerosol, similares a la sal marina, en la atmósfera baja sobre el océano. Estas partículas favorecen la formación de nubes más brillantes y reflectantes, capaces de devolver una mayor cantidad de radiación solar al espacio. Como consecuencia, disminuye el calentamiento de la superficie del mar, uno de los factores que impulsa el fortalecimiento de El Niño.
Los investigadores recrearon mediante simulaciones los super eventos de 1997-1998 y 2015-2016, considerados entre los más intensos registrados. Los resultados mostraron que, si el blanqueamiento de nubes se iniciara en las primeras etapas del fenómeno y se mantuviera durante un periodo prolongado, podría interrumpir parte de la retroalimentación entre el océano y la atmósfera que permite el crecimiento de El Niño, reduciendo así su intensidad.
Sin embargo, los científicos advierten que la técnica no representa una solución definitiva y que aún está lejos de poder aplicarse en el mundo real. El mismo estudio señala que intervenir deliberadamente en el sistema climático podría alterar otros procesos atmosféricos, entre ellos modificar el momento de aparición o la intensidad de La Niña, con consecuencias difíciles de prever.
La investigación adquiere especial relevancia en un momento en que diversos centros internacionales de monitoreo mantienen una estrecha vigilancia sobre la evolución del Pacífico tropical debido a la posibilidad de un nuevo episodio de El Niño de gran magnitud. El aumento sostenido de las temperaturas superficiales del mar ha reavivado el interés por herramientas que permitan reducir los impactos de estos eventos extremos, responsables de sequías, inundaciones, pérdidas agrícolas y alteraciones en los ecosistemas marinos a escala global.
No obstante, la comunidad científica insiste en que la geoingeniería debe abordarse con extrema prudencia. Carlos García-Soto, investigador del Instituto Español de Oceanografía, calificó el trabajo como una contribución científica valiosa porque demuestra que la hipótesis es físicamente plausible mediante simulaciones, pero advirtió que modificar un fenómeno tan complejo como El Niño exige un nivel de evidencia mucho mayor antes de considerar cualquier intervención.
Los propios autores reconocen que su investigación presenta importantes limitaciones. El estudio se basa en un único modelo climático y solo analiza dos eventos históricos, por lo que será necesario reproducir los resultados con otros modelos y escenarios antes de evaluar su viabilidad.
Además, descartan cualquier experimento a gran escala. Según la Universidad de California en San Diego, realizar una prueba en condiciones reales podría generar efectos climáticos inesperados y potencialmente perjudiciales.
La idea surgió a partir de un fenómeno observado tras los devastadores incendios forestales de Australia entre 2019 y 2020. El humo liberó enormes cantidades de aerosoles que interactuaron con las nubes, incrementando la reflexión de la radiación solar y alterando la circulación atmosférica. Investigaciones posteriores sugirieron que este “experimento natural” contribuyó a reducir parte del calor que alimenta a El Niño y favoreció el desarrollo de La Niña en 2020.
A partir de esa evidencia, los investigadores exploraron qué habría ocurrido si un proceso similar se hubiera producido antes del inicio de un super El Niño. Aunque los resultados son prometedores desde el punto de vista científico, los especialistas coinciden en que la geoingeniería sigue siendo un campo experimental y altamente controvertido. Por ahora, la mejor estrategia para enfrentar los impactos de El Niño continúa siendo fortalecer los sistemas de monitoreo, mejorar los pronósticos climáticos y reforzar las medidas de adaptación y prevención frente a un fenómeno que, en un contexto de calentamiento global, podría alcanzar una intensidad sin precedentes.







