¿Qué es El Niño y por qué preocupa la posibilidad de un episodio muy intenso en 2026-2027?

El Niño es un fenómeno climático recurrente con efectos en todo el planeta. Presenta una fase fría (denominada La Niña), una fase neutra y una fase cálida (El Niño, propiamente dicho). En la primavera boreal de 2026 nos encontramos en una fase neutra, tras una Niña de intensidad moderada. Sin embargo, los modelos de predicción climática indican, con una alta probabilidad, que hemos entrado en una fase pre-El Niño.

Este fenómeno, que suele repetirse cada dos a siete años y se desarrolla en asociación con la Oscilación del Sur -un patrón de presión atmosférica que abarca los océanos Pacífico e Índico tropicales y que está estrechamente relacionado con la intensidad de los vientos alisios-, podría evolucionar hacia finales de año hasta convertirse en un evento muy intenso. Incluso, algunos especialistas han llegado a hablar de un “super El Niño”. Pero ¿qué efectos podría tener? ¿Se ha producido algún evento similar en el pasado?

Una corriente “anómala” en el Pacífico

A finales del siglo XIX, según una historia ampliamente difundida, un capitán de barco comentó a los pescadores del norte del Perú que observaban un cambio de las condiciones oceánicas frías a tropicales alrededor de la Navidad de cada año. Los pescadores atribuyeron este fenómeno a una corriente cálida que se desplazaba hacia el sur y la denominaron “El Niño”, en referencia al Niño Jesús.

Aunque no se conoce con certeza la veracidad histórica de este relato, sí se sabe que los geógrafos y oceanógrafos observaron que, en algunos años, el calentamiento era mucho más intenso de lo habitual y venía acompañado de fenómenos oceánicos y climáticos inusuales (Bjerknes, 1969).

Posteriormente, Jacob Bjerknes, miembro de una destacada familia de meteorólogos noruegos, explicó que el calentamiento del Pacífico oriental estaba estrechamente vinculado a la Oscilación del Sur, estableciendo así una conexión fundamental entre el océano y la atmósfera.

Cuando el anticiclón subtropical del Pacífico Sur y los vientos alisios asociados -que normalmente soplan desde Sudamérica hacia Australia e Indonesia- se debilitan, las aguas cálidas del Pacífico occidental se desplazan hacia el este a lo largo del Pacífico ecuatorial. Posteriormente, estas aguas se distribuyen a lo largo de las costas de Ecuador, Perú y, en menor medida, Chile, dando origen a las condiciones características de El Niño.

Bjerknes demostró que la atmósfera y el océano están estrechamente acoplados y que los cambios en uno de estos componentes repercuten directamente en el otro. De la unión de las denominaciones de la componente oceánica (El Niño) y la componente atmosférica (Oscilación del Sur) surge el término El Niño-Oscilación del Sur (ENOS o ENSO, por sus siglas en inglés).

¿Un fenómeno oceánico o atmosférico?

Sin embargo, la comprensión moderna del fenómeno no estaría completa sin mencionar los aportes del físico y climatólogo británico Gilbert Walker.

En la década de 1920, Walker realizó un descubrimiento extraordinario. Sin disponer de satélites, ordenadores ni herramientas modernas de observación, analizó miles de registros de presión atmosférica y descubrió que, cuando esta aumentaba en el Pacífico oriental, disminuía en el norte de Australia e Indonesia, y viceversa.

Es decir, ambas regiones, separadas por miles de kilómetros, estaban conectadas mediante un patrón atmosférico de gran escala. A este tipo de conexión climática a distancia se le denomina teleconexión.

Posteriormente, este fenómeno de oscilación de la presión atmosférica recibió el nombre de Oscilación del Sur, en honor a Walker. La gran contribución de Bjerknes fue demostrar que esta oscilación atmosférica estaba estrechamente relacionada con las anomalías de temperatura del océano Pacífico tropical.

El impacto sobre la pesca peruana

El Niño suele generar importantes impactos ambientales y socioeconómicos. Un ejemplo clásico fue el colapso de la pesquería peruana de anchoveta durante el evento El Niño de 1972-1973.

En aquel entonces, la pesquería de anchoveta era la más grande del mundo, con capturas superiores a 12 millones de toneladas métricas anuales. Sin embargo, una década de sobrepesca había reducido la resiliencia de las poblaciones frente a perturbaciones ambientales importantes.

Cuando las temperaturas del mar aumentaron y se alteró la cadena alimentaria, el ecosistema experimentó un cambio drástico. Durante los veinte años posteriores, las capturas de anchoveta disminuyeron aproximadamente en un orden de magnitud. Esta situación fue reforzada por un cambio decadal hacia temperaturas más cálidas en el Pacífico tropical a mediados de la década de 1970.

El episodio más grave del siglo XX

A lo largo del siglo XX se registraron varios eventos El Niño de gran intensidad. Entre ellos, el episodio de 1982-1983 destacó por provocar fenómenos meteorológicos extremos en diversas regiones del mundo.

Entre sus principales consecuencias destacaron:

Inundaciones severas en Perú, Ecuador y el sur de Estados Unidos.

Sequías prolongadas en Indonesia y el noreste de Brasil.

Un invierno excepcionalmente suave en amplias zonas de Europa, Asia y Norteamérica.

Posteriormente, los científicos observaron que, en algunos años, las temperaturas superficiales del Pacífico ecuatorial presentaban anomalías negativas, acompañadas por un fortalecimiento del anticiclón del Pacífico Sur y de los vientos alisios. Esta situación opuesta a El Niño fue denominada La Niña.

En términos generales, El Niño se asocia con aguas más cálidas e inestabilidad atmosférica, mientras que La Niña se relaciona con aguas más frías y una circulación atmosférica reforzada. Ambos fenómenos forman parte de un ciclo recurrente, aunque sin una periodicidad fija.

Asimismo, el último gran Niño del siglo XX ocurrió entre 1997 y 1998, provocando graves inundaciones en California y numerosas alteraciones climáticas en distintas partes del planeta.

¿Qué podría implicar un El Niño muy intenso?

De acuerdo con diversos escenarios climáticos, un posible “super El Niño” podría desarrollarse a finales de 2026 o incluso durante 2027. De ocurrir, podría elevar temporalmente la temperatura media global varias décimas de grado por encima de la tendencia impuesta por el calentamiento global.

Entre los impactos más probables figuran:

Lluvias intensas e inundaciones en Perú, Ecuador y otras zonas de la costa occidental de Sudamérica.

Precipitaciones superiores a lo normal en el este de África, el área de Mar del Plata (Argentina) y parte del sur de Estados Unidos.

Sequías severas en Australia, Indonesia, Filipinas y otras regiones del sudeste asiático.

Déficits de lluvia en el noreste de Brasil.

En la cuenca mediterránea, la influencia de El Niño suele ser más débil debido a las particularidades geográficas y atmosféricas de la región. Sin embargo, durante eventos extremadamente intensos podría favorecer temperaturas más elevadas de lo normal y aumentar la probabilidad de episodios de lluvias torrenciales.

Un fenómeno de alcance global

En definitiva, lo que inicialmente parecía una peculiaridad observada por los pescadores del norte peruano es hoy reconocido como uno de los fenómenos climáticos más importantes del planeta.

El Niño constituye una compleja interacción entre el océano y la atmósfera, capaz de modificar los patrones climáticos a escala global y generar repercusiones económicas, sociales y ambientales incluso en regiones muy alejadas de su origen.

Por ello, la posibilidad de que se desarrolle un evento muy intenso durante 2026-2027 mantiene en alerta a la comunidad científica internacional y a los países potencialmente más vulnerables a sus efectos.

 

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