Microplásticos contaminan mejillones de exportación chilenos

La investigación —publicada en Marine Pollution Bulletin (diciembre 2020)— encontró, en promedio, entre 4 y 9 partículas plásticas de tamaño inferior a 1 mm (entre 742.3 ± 702.1 μm) en 100% de las muestras de mejillones del tipo Mytilus chilensis tomadas del Canal de Beagle, superando la cantidad hallada en otras especies de ese género, y en otros puntos de muestreo, cercanos a ciudades más pobladas que Ushuaia, de escasos 80.000 habitantes.

Realizado por investigadores argentinos, el estudio —el primero en analizar este tema en la bahía de Ushuaia— incluyó la extracción al azar de ejemplares adultos vivos desde el muelle de un club náutico situado en el lado oeste de la Bahía de Ushuaia, durante la marea baja.

“No me sorprendió encontrar microplásticos en M. chilensis en esa área, ya que son omnipresentes y los animales marinos, de alguna u otra forma, los consumen. Lo que me impactó fue la magnitud hallada, en comparación con otros lugares, lo que demuestra que la lejanía de las grandes urbes no implica un menor impacto antropogénico”, dijo Rosana Di Mauro, del Programa Ambiente Marino de Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero de Mar del Plata (INIDEP), Buenos Aires.

Estudios efectuados en más de 200 especies marinas encontraron que la ingestión de microplásticos ocasiona disminución del peso y talla, menor reproducción y muerte de ejemplares.

Si bien en Argentina, el chorito o mejillón chileno es de relativa importancia comercial, Chile es considerado el principal país exportador, a nivel mundial, y el segundo país cultivador, detrás de China. Por lo que el resultado de esta investigación enciende una luz de alerta.

Los destinos centrales de exportación chilena son España, Francia, Italia, Rusia y Estados Unidos.

“Ahora sabemos además que tiene la capacidad de ingerir microplásticos. Necesitamos nuevas investigaciones para conocer los efectos y entender cómo puede afectar toda la cadena trófica marina. Al final de esta cadena está el ser humano, pero todavía no conocemos qué residuos, ni cuánto de ellos queda en los organismos que terminan en nuestro plato”, destacó Di Mauro, integrante del Gabinete de Zooplancton del INIDEP.

Alejandra Volpedo, quien no participó en la investigación, cree que en un futuro cercano “los organismos que regulan la calidad e inocuidad de los alimentos en los distintos países incorporarán normativas, a sus códigos alimentarios, respecto de las concentraciones máximas permitidas de microplásticos en alimentos”.

Por su parte, Di Mauro señaló para conocer el origen de la contaminación en el Canal de Beagle será necesario implementar nuevos estudios. Por lo general, la contaminación oceánica por microplásticos suele atribuirse a la presencia de puertos comerciales y militares, zonas industriales y plantas de elaboración de productos pesqueros, entre otras causas.

El análisis de los microplásticos relevados tampoco fue esclarecedor. La predominancia de fibras de colores —particularmente negro, azul, amarillo,naranja y rojo, entre ellos— dificultó a los investigadores identificar su procedencia.

“Los materiales de los que se desprenden estas fibras sintéticas —como poliéster y poliamida— son los mismos que usamos en nuestras actividades cotidianas y que podrían entrar al ambiente acuático a través del desagüe de las aguas residuales, pero también podrían relacionarse con la pesca o el deporte en el mar”, dice Di Mauro.

“Es necesario plantearse la búsqueda de alternativas para disminuir la contaminación de mares y océanos, que incluyan un cambio de hábitos de consumo y el cumplimiento de normativas ambientales, además de propiciar la educación ambiental de toda la población”, destacó Volpedo.

Fuente: SciDev.net América Latina y El Caribe

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