Estudio alerta: Petróleo sobre US$95 amenaza la rentabilidad de las flotas pesqueras
Una investigación advierte que el precio del crudo puede determinar los costos, el esfuerzo pesquero, las capturas y hasta el acceso de millones de personas al pescado. El estudio plantea mejorar la eficiencia energética de las flotas y aplicar cuotas adaptativas para enfrentar los cambios del mercado.
El precio del petróleo representa uno de los principales costos de la actividad pesquera. Según la investigación “Petróleo y pesca”, elaborada por Rene Pallalever, MSc., el combustible puede representar entre 38% y 62% de los costos operativos de una flota.
El estudio, basado en información de 45 países entre 1990 y 2024, advierte que un aumento sostenido del precio del crudo puede reducir la rentabilidad de las embarcaciones, disminuir el esfuerzo pesquero y, posteriormente, afectar las capturas y el abastecimiento de pescado.
US$95 por barril, un nivel crítico
La investigación identifica distintos escenarios según el precio del petróleo. Con valores inferiores a US$50 por barril, aumenta la actividad pesquera, pero también la presión sobre los recursos. Entre US$60 y US$90 se observa un escenario relativamente estable.
Sin embargo, cuando el precio supera los US$95 por barril, el impacto sobre la rentabilidad comienza a ser crítico. El estudio estima que, en ese escenario, la rentabilidad media podría ser negativa para las flotas de arrastre y palangre de altura analizadas.
Por ello, el autor propone incorporar el precio del Brent a los sistemas de alerta temprana y activar medidas cuando supere los US$90 durante más de 60 días.
Petróleo caro: menos pesca, pero también menos oferta
El estudio plantea una paradoja: un petróleo barato favorece la rentabilidad y aumenta el esfuerzo pesquero, pero puede incrementar la presión sobre los stocks; mientras que un petróleo caro reduce el esfuerzo y puede favorecer una mayor biomasa residual, pero perjudica la viabilidad económica de las flotas y puede reducir la oferta de pescado.
Según las simulaciones, cada aumento de US$20 en el precio del crudo podría generar un incremento de entre 4% y 7% en la biomasa residual, debido a la reducción del esfuerzo pesquero.
Al mismo tiempo, una duplicación del precio del petróleo podría elevar en aproximadamente un 45% el precio del pescado al consumidor, según el modelo utilizado.
La eficiencia energética como alternativa
La investigación plantea que reducir el consumo de combustible puede disminuir la vulnerabilidad de las flotas frente a las variaciones del petróleo.
Entre las principales medidas propone:
Reducir 10% la velocidad de navegación, lo que podría disminuir entre 25% y 30% el consumo de combustible.
Incorporar propulsión híbrida diésel-eléctrica, con ahorros estimados de 10% a 20%.
Mejorar el diseño del casco y el bulbo, con potenciales ahorros de 8% a 15%.
Optimizar hélices, carena y sistemas de recuperación de calor.
El estudio recomienda priorizar primero cambios operativos de bajo costo y posteriormente realizar inversiones estructurales.
Impacto sobre la seguridad alimentaria
El problema trasciende la rentabilidad de las embarcaciones. El estudio advierte que un aumento prolongado del precio del petróleo puede terminar afectando el abastecimiento y el precio del pescado, especialmente en regiones donde este alimento representa una parte importante de la proteína animal.
En un escenario de US$120 por barril durante 24 meses, la investigación estima que entre 45 y 70 millones de personas adicionales podrían quedar expuestas a inseguridad alimentaria.
Una nueva variable para la política pesquera
La investigación concluye que la dependencia del petróleo no es únicamente un problema económico o ambiental, sino también pesquero y alimentario.
Por ello, plantea combinar cuotas pesqueras adaptativas, eficiencia energética y desarrollo de la acuicultura para mantener un equilibrio entre rentabilidad de las flotas, sostenibilidad de los recursos, oferta de pescado y seguridad alimentaria.
La principal advertencia del estudio es clara: cuando el petróleo se encarece, la crisis no termina en el tanque de combustible; puede trasladarse a la rentabilidad de las flotas, las capturas, el precio del pescado y finalmente al consumidor.
Fotografía referencial: Pescadores Industriales del Biobío







