De 500 mil a 12,274 toneladas: Capturas de merluza caen al 2.6 % de la biomasa y encienden alarma sobre la posible reducción de la especie

Embarcaciones industriales y plantas procesadoras paralizan operaciones

La pregunta es inevitable: ¿dónde están las 500 mil toneladas de merluza que, según el Instituto del Mar del Perú (Imarpe), se estimaron en 2022? La respuesta apunta directamente al impacto del fenómeno La Niña, que ha afectado severamente la recuperación de la merluza (Merluccius gayi) en el norte del país. Las condiciones oceanográficas anómalas provocadas por este evento generaron una drástica reducción en la disponibilidad del recurso. Entre 2020 y 2021, la especie prácticamente desapareció de las zonas tradicionales de pesca en Tumbes y Piura. Aunque posteriormente reapareció, lo hizo en tallas juveniles y con volúmenes de captura muy por debajo de lo estimado.

La tendencia negativa continuó en los años siguientes. En la temporada 2022-2023, las capturas solo alcanzaron las 12,530 toneladas. En 2023-2024, de una cuota asignada de 10,000 toneladas, se extrajeron apenas 8,415. Y en lo que va del 2025, pese a una cuota mayor de 30,821 toneladas, solo se han capturado 12,274, lo que representa apenas el 2.6 % del total estimado por Imarpe. Esta situación ha encendido las alarmas sobre la reducción del recurso y ha generado preocupación en todo el sector pesquero industrial.

Como consecuencia, gran parte de la actividad merlucera en el puerto de Paita está paralizada. De las 30 embarcaciones autorizadas, solo 4 están operando. Muchas plantas procesadoras han cerrado, y las que aún resisten, como Santa Mónica y Dexin, lo hacen con dificultades. Esta crisis ha provocado la pérdida de miles de empleos y una fuerte disminución en la capacidad de producción de alimentos, además de afectar la generación de divisas y aportes tributarios al país.

Frente a este panorama, Imarpe ha anunciado la realización de un nuevo crucero científico —el primero en más de una década— para evaluar el estado real del stock de merluza. Aunque se trata de una medida necesaria, los actores del sector exigen acciones más inmediatas. No basta con vedar zonas de pesca; es urgente implementar una estrategia de manejo sostenible que proteja a los juveniles, permita la continuidad de la actividad industrial y garantice el abastecimiento de alimento para los peruanos.

Finalmente, las empresas que han cesado sus operaciones aún enfrentan la necesidad de realizar varado de embarcaciones y mantenimiento de plantas, sin contar con apoyo financiero del Estado. A pesar de haber solicitado respaldo a programas como Reactiva Perú y Cofide, no obtuvieron resultados positivos. Hoy, la industria merlucera formal —con más de 34 años generando empleo, divisas e impuestos— espera que el Estado peruano le tienda una mano. De no recibir una respuesta oportuna, este sector estratégico corre el riesgo real de desaparecer.

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