China va por el control del Tratado de Alta Mar basado en la CONVEMAR y pone en jaque a Chile y Bélgica

Nadie sabe para quién trabaja. Cuando el aspirante N.° 1, Chile, se perfilaba para obtener la secretaría del Tratado de Alta Mar (Acuerdo sobre la Biodiversidad Más Allá de la Jurisdicción Nacional), restando importancia al competidor Bélgica, irrumpe China con una propuesta que ha reconfigurado el escenario. No solo plantea a la ciudad costera de Xiamen como sede administrativa -promoviéndola como un polo de investigación marina y cooperación internacional-, sino que además ofrece un respaldo financiero contundente: 70 millones de dólares para los primeros cinco años de funcionamiento de la secretaría, más otros 3 millones destinados a países en desarrollo.

Para algunos especialistas, esta candidatura refleja la intención de Pekín de asumir un rol más activo en la configuración de las reglas internacionales y fortalecer su influencia en la gobernanza global. Sin embargo, entre observadores de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático), la propuesta ha despertado inquietudes debido a la brecha entre sus ambiciones globales y su conducta marítima en zonas disputadas y estratégicamente sensibles.

¿Es el Tratado de Alta Mar lo mismo que la CONVEMAR?

El analista camboyano Pou Sothirak, asesor principal del Centro de Estudios Regionales de Camboya, señaló en un reciente diálogo con el embajador japonés Ueno Atsushi que este debate evidencia la importancia del derecho marítimo internacional para la estabilidad del Sudeste Asiático.

El Tratado de Alta Mar es un acuerdo en el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR), diseñado para fortalecer y complementar su estructura en aguas internacionales. El acuerdo BBNJ establece que debe interpretarse y aplicarse de manera coherente con la CONVEMAR, asegurando que ambos marcos jurídicos funcionen de manera articulada.

“El Tratado de Alta Mar se basa en los principios de la CONVEMAR, de los cuales los Estados de la ASEAN dependen en gran medida”, indicó Sothirak. “Para los países pequeños y medianos, estos marcos legales no son conceptos abstractos, sino herramientas esenciales para gestionar asimetrías de poder y evitar escaladas en el mar”.

La candidatura de China ha generado especial atención porque el tratado se sustenta en la CONVEMAR, que constituye la base legal de los límites marítimos, los derechos de navegación y el uso de los recursos.

Aunque China es parte de la CONVEMAR, mantiene reclamaciones extensas en el mar de China Meridional que se superponen con las de varios países de la ASEAN y ha rechazado el fallo arbitral internacional de 2016 que invalidó su denominada “línea de nueve trazos”.

“Para la ASEAN, la coherencia es fundamental”, afirmó Sothirak. “Cuando el derecho internacional se aplica de forma selectiva, aumenta la incertidumbre. Es entonces cuando crecen los malentendidos y las tensiones”.

La CONVEMAR es la piedra angular de la gobernanza marítima global, ya que define mares territoriales, zonas económicas exclusivas y plataformas continentales, además de permitir la libre navegación por los océanos. En ese marco, el Tratado de Alta Mar amplía su alcance al regular y proteger las áreas fuera de la jurisdicción nacional, que representan cerca de dos tercios de los océanos del mundo.

En este contexto, la eventual elección de China como sede de la secretaría no puede evaluarse al margen de su creciente estrategia de proyección marítima. Su gigantesca flota pesquera de aguas distantes -reiteradamente cuestionada por prácticas de pesca ilegal, impactos ambientales y denuncias sobre condiciones laborales en alta mar- pone en debate la coherencia entre liderazgo y cumplimiento.

Si el Tratado de Alta Mar aspira a proteger los océanos bajo principios de sostenibilidad y equidad, su legitimidad dependerá de que quienes lo lideren garanticen transparencia, respeto al derecho internacional y compromiso real con la conservación. De lo contrario, existe el riesgo de que un instrumento clave para el futuro de los océanos termine subordinado a intereses geopolíticos antes que al interés común global.

Dato importante

Mientras Chile presentaba  como propuesta a Valparaíso al tener reputación como firme defensor de la protección oceánica y del liderazgo del Sur Global, además de otorgarle el peso moral al tratado, manteniendo el enfoque en objetivos de conservación, como las áreas marinas protegidas y la meta “30 por 30” acordado por más de 190 países en el marco del Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal, que busca proteger al menos el 30% de las tierras y océanos del mundo para 2030, Bélgica, ofrece a Bruselas -sede de la Unión Europea y de una densa red de organizaciones internacionales-acceso directo a diplomáticos, expertos legales y estructuras multilaterales consolidadas.

 

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