Chile y China se enfrentan por la Secretaría del Tratado de Alta Mar y la gobernanza en más de dos tercios de los océanos
La competencia entre Chile y China por albergar la Secretaría del Tratado de Alta Mar (BBNJ) trasciende lo diplomático. El país que consiga instalar esta institución en su territorio podría obtener una posición estratégica para participar e influir en la gobernanza de los espacios oceánicos situados fuera de las jurisdicciones nacionales.
El Tratado de Alta Mar, conocido como BBNJ por sus siglas en inglés, establece un nuevo marco internacional para la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad marina en zonas situadas más allá de las jurisdicciones nacionales. Estas áreas representan aproximadamente más de dos tercios de la superficie del océano, aunque, considerando la totalidad del planeta, el ámbito regulado comprende una proporción cercana a las tres cuartas partes de los océanos.
La importancia estratégica del acuerdo explica el interés de China y Chile en acoger su Secretaría. El organismo tendrá un papel central en la implementación del tratado, que contempla mecanismos relacionados con los recursos genéticos marinos, las evaluaciones de impacto ambiental, la creación de áreas marinas protegidas y la cooperación científica y tecnológica.
Para China, la candidatura se inscribe en una estrategia más amplia de presencia en espacios considerados estratégicos, entre ellos el océano profundo, las regiones polares y otros ámbitos que trascienden las fronteras territoriales. Albergar la Secretaría permitiría a Beijing situarse cerca del centro institucional donde se desarrollarán procesos científicos, técnicos y diplomáticos vinculados con la aplicación del nuevo régimen internacional.
Chile, por su parte, posee una posición geográfica particularmente vinculada con el océano Austral y el Pacífico suroriental, además de una extensa proyección marítima y experiencia en asuntos antárticos y de conservación marina. Para Santiago, conseguir la Secretaría significaría fortalecer su presencia en la nueva arquitectura de gobernanza de los océanos y proyectar su influencia diplomática en un espacio de creciente importancia estratégica.
La disputa adquiere especial relevancia porque la alta mar concentra recursos genéticos, biodiversidad, rutas de navegación y potenciales actividades de investigación científica y explotación de recursos. Por ello, la competencia no se limita a decidir dónde funcionará una oficina internacional: también refleja una pugna por ocupar una posición relevante en la definición de las reglas que regirán estos espacios durante las próximas décadas.
Sin embargo, albergar la Secretaría no significa adquirir soberanía ni control territorial sobre la alta mar. El Tratado mantiene el principio de que estas áreas se encuentran fuera de la jurisdicción nacional. La ventaja para el país anfitrión sería principalmente diplomática e institucional: mayor visibilidad, capacidad de articulación y proximidad a los procesos mediante los cuales los Estados implementarán y desarrollarán el acuerdo.
La competencia entre Chile y China muestra así cómo la geopolítica marítima está cambiando. El poder sobre los océanos ya no depende únicamente de la capacidad de controlar aguas territoriales o rutas marítimas. También está relacionado con la capacidad de participar en las instituciones que establecen las normas para administrar los espacios oceánicos comunes.
La elección de la sede de la Secretaría del BBNJ, por tanto, representa mucho más que una decisión administrativa. Para Chile significaría reforzar su posición como actor del Pacífico y del sistema antártico; para China, consolidar su creciente presencia en la gobernanza de espacios situados más allá de sus fronteras.
En un océano donde gran parte de sus aguas se encuentra fuera de las jurisdicciones nacionales, la disputa por la Secretaría revela que una nueva dimensión de la competencia geopolítica se está trasladando desde el territorio hacia las instituciones encargadas de gobernar los espacios comunes del planeta.







