Chile abre sus puertos a la flota china mientras busca la Secretaría del Tratado de Alta Mar
Un estudio documenta un explosivo incremento del apoyo logístico a la mayor flota pesquera de aguas distantes del mundo. La investigación sostiene que, tras el endurecimiento de los controles portuarios en Perú, Chile pasó a convertirse en el nuevo centro de operaciones de los poteros chinos en el Pacífico Sudeste, mientras se registran incursiones en aguas bajo jurisdicción chilena y surgen cuestionamientos sobre el rol de instituciones del Estado.
Paradójico. Mientras Chile busca proyectarse internacionalmente como líder en la protección de los océanos y compite con China por albergar la Secretaría del Acuerdo sobre la Biodiversidad más allá de la Jurisdicción Nacional (BBNJ), una investigación realizada por Milko Schvartzman, especialista argentino en conservación marina, sostiene que el país mapuche estaría desempeñando un papel completamente distinto: convertirse en el principal soporte logístico de la flota china de pesca de aguas distantes que opera frente a Sudamérica.
La investigación de Schvartzman afirma que el cambio comenzó después de que Perú endureciera nuevamente sus controles portuarios durante 2024. A partir de entonces, decenas de embarcaciones chinas empezaron a utilizar los puertos de Arica e Iquique como centros de abastecimiento, mantenimiento y relevo de tripulaciones.
Según el estudio, el número de recaladas pasó de apenas unas pocas embarcaciones por año a más de un centenar inspeccionadas durante 2025; es decir, un incremento cercano al 3.000 %.
Las puertas se cerraron en Perú y se abrieron en Chile
La investigación recuerda que Perú obligó a las embarcaciones pesqueras extranjeras a cumplir estrictos requisitos de monitoreo satelital para acceder a sus puertos. Ante estas exigencias, los barcos chinos dejaron prácticamente de utilizar las instalaciones portuarias peruanas.
La consecuencia fue inmediata: Chile se transformó en la nueva plataforma logística para cientos de poteros industriales dedicados a la captura de pota o calamar gigante (Dosidicus gigas) en el Pacífico Sudeste.
Schvartzman sostiene que esta cercanía reduce los costos de combustible, disminuye los tiempos de navegación y aumenta considerablemente la eficiencia operativa de la flota asiática.
Incursiones dentro de aguas chilenas
Uno de los capítulos más delicados de la investigación documenta múltiples ingresos de embarcaciones chinas a la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de Chile.
Mediante el análisis de información del sistema AIS, imágenes satelitales VIIRS de la NASA y otras plataformas de seguimiento, el estudio identifica varios buques que habrían ingresado a aguas bajo jurisdicción chilena. Entre ellos figuran:
Zhan Hai 004
Lu Rong Yuan Yu 667
Zhong Ju 817
Ou Ya 17
Fu Yuan Yu 7873
Hua Xiang 6
En algunos casos, según el estudio, las velocidades registradas eran compatibles con operaciones de pesca mediante poteras.
Asimismo, el documento sostiene que varias de estas embarcaciones mantienen márgenes de seguridad cuando operan frente a las Zonas Económicas Exclusivas de Perú y Argentina. Sin embargo, ese mismo comportamiento no habría sido observado frente a Chile.
Un conflicto que apunta al Estado
Quizá el aspecto más polémico de la investigación involucra directamente a ASMAR (Astilleros y Maestranzas de la Armada), el astillero perteneciente a la Armada de Chile y dependiente del Ministerio de Defensa.
La investigación señala que ASMAR habría prestado servicios de mantenimiento a embarcaciones vinculadas con empresas sancionadas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos debido a denuncias relacionadas con trabajo forzoso y violaciones de derechos humanos.
Aunque ASMAR sostiene que actuó con las autorizaciones oficiales correspondientes, el estudio plantea que esta situación genera interrogantes sobre un eventual conflicto de interés.
En ese contexto, la misma institución encargada de participar en las labores de vigilancia y control marítimo también presta servicios comerciales a parte de la flota que posteriormente opera en las proximidades de la jurisdicción chilena.
Una contradicción internacional
Asimismo, la investigación indica que existe una contradicción entre el discurso internacional de Chile sobre la conservación marina y su actual política portuaria.
Mientras el país mapuche promueve acuerdos para proteger la biodiversidad oceánica, como el Tratado de Alta Mar (BBNJ), simultáneamente estaría facilitando la operación de una de las mayores flotas pesqueras industriales del mundo mediante infraestructura portuaria, servicios de mantenimiento naval y abastecimiento cercano a las zonas de pesca.
Igualmente, el estudio sostiene que quienes enfrentan las mayores consecuencias de esta situación son los pescadores artesanales.
El informe además advierte que los poteros asiáticos capturan la pota o calamar gigante antes de que esta especie ingrese a aguas jurisdiccionales chilenas, reduciendo la disponibilidad del recurso para las comunidades costeras.
Los pescadores entrevistados describen esa presencia como un “muro” de embarcaciones iluminadas frente al límite marítimo, que intercepta la migración del recurso hacia las costas chilenas.
Las preguntas que quedan abiertas
La investigación plantea interrogantes que podrían marcar el debate pesquero en Chile:
¿Por qué aumentó de manera tan acelerada el ingreso de embarcaciones chinas a los puertos chilenos?
¿Son suficientes los mecanismos de fiscalización actualmente vigentes?
¿Existe un conflicto de interés entre las funciones de control marítimo y la prestación de servicios comerciales por parte de instituciones del Estado?
¿Qué medidas adoptará Chile frente a las incursiones documentadas en su Zona Económica Exclusiva?
Finalmente, el estudio recomienda reforzar los requisitos de acceso portuario, integrar plenamente los sistemas internacionales de monitoreo satelital, establecer zonas de amortiguamiento frente a la ZEE chilena y reportar las embarcaciones involucradas a la Organización Regional de Ordenación Pesquera del Pacífico Sur (SPRFMO). Además, advierte que la actual política portuaria coloca a las comunidades pesqueras artesanales en una situación de desventaja competitiva frente a una gigantesca flota de pesca de aguas distantes que opera con menores exigencias regulatorias y amplias ventajas logísticas.







