La apuesta arequipeña de LIVANGUARD, innovadores de la incubadora INNICIA – UCSM
Microalgas que alimentan, fertilizan y limpian el aire
Con un premio nacional y una propuesta que integra ciencia, alimentación y sostenibilidad ambiental, LIVANGUARD comienza a posicionarse como una de las startups biotecnológicas más prometedoras del sur del país. La empresa, originaria de la región Arequipa, obtuvo el segundo lugar en el Concurso de Química Verde del Grupo Gea, superando a 13 equipos de distintas regiones del Perú, y destinará el premio a fortalecer su sistema piloto y avanzar hacia el escalamiento comercial.
La propuesta de LIVANGUARD apunta a un mercado diverso: consumidores que buscan suplementos saludables, agricultores que requieren soluciones más eficientes y empresas comprometidas con la reducción de su impacto ambiental. En un país marcado por amplias zonas desérticas, alta radiación solar y crecientes desafíos climáticos, la startup pone en valor el potencial poco explorado de las microalgas como alternativa productiva y ambiental.
La empresa busca demostrar que la biotecnología puede ser una herramienta clave para mejorar la alimentación, aumentar la productividad agrícola y reducir la contaminación. LIVANGUARD desarrolla alimentos funcionales, biofertilizantes y soluciones sostenibles a partir de microalgas, organismos capaces de capturar dióxido de carbono (CO₂) del ambiente mientras generan biomasa de alto valor.
El equipo está conformado por jóvenes egresados de la Universidad Católica de Santa María (UCSM) y de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y es liderado por Yamir Velazco y Diego Quezada, quienes combinan formación científica con visión emprendedora. Desde la incubadora INNICIA – UCSM, el proyecto ha recibido acompañamiento técnico y estratégico.
“Desde INNICIA apoyamos iniciativas como LIVANGUARD porque conectan la investigación científica con impacto real. No hablamos solo de ideas, sino de soluciones que pueden llegar al mercado y mejorar la calidad de vida de las personas”, destacó Alana Sánchez, coordinadora del Proyecto Venture Studio de ProInnóvate – INNICIA.
La iniciativa surgió a partir de la identificación de dos grandes retos: la necesidad de producir alimentos y soluciones agrícolas más eficientes, y la urgencia de reducir las emisiones contaminantes. Las microalgas se convirtieron en el punto de encuentro entre ambos desafíos. Funcionan de manera similar a una levadura: se “alimentan” de CO₂ y nutrientes que normalmente se desperdician y los transforman en productos útiles. Además, presentan un crecimiento acelerado —pueden duplicarse en uno o dos días— y generan entre 10 y 20 veces más biomasa que los cultivos tradicionales, sin requerir suelos fértiles.
Actualmente, LIVANGUARD trabaja en tres líneas de desarrollo. La primera es la producción de biomasa tipo espirulina para alimentos y suplementos nutricionales, con un contenido proteico de entre 60 % y 70 %, más del doble que la carne de res. La segunda línea se enfoca en pigmentos naturales, como la ficocianina, utilizados en la industria de alimentos y bebidas. La tercera está orientada a biofertilizantes y bioestimulantes agrícolas, capaces de incrementar el rendimiento de los cultivos entre 10 % y 30 % y mejorar su resistencia frente al estrés climático. Las pruebas piloto se realizan en Arequipa, con resultados positivos en crecimiento y estabilidad del cultivo.
Un aspecto diferenciador del proyecto es la integración de la captura de carbono en su modelo productivo. Por cada kilogramo de microalgas producido, se fijan aproximadamente dos kilogramos de CO₂, lo que abre la posibilidad de desarrollar esquemas de economía circular e incluso acceder a futuros mercados de créditos de carbono.
“No solo queremos vender espirulina; queremos medir y demostrar que mientras producimos alimentos y fertilizantes, también reducimos la huella ambiental”, señalan los fundadores.







