Virginia a los 101 años, todavía pesca langostas y no planea detenerse

Cuando Virginia Oliver empezó a pescar langostas en la costa rocosa de Maine, faltaba más de una década para que comenzara la Segunda Guerra Mundial, las señales de tránsito electrónica eran un invento reciente y pocas mujeres pescaban langostas.

Casi un siglo después, a los 101 años, sigue haciéndolo. Oliver, la pescadora de langostas más anciana del estado y posiblemente del mundo, sigue ocupándose de sus trampas frente a Rockland, Maine, con su hijo Max, de 78 años.

Oliver empezó a pescar langostas a los 8 años y en la actualidad las captura con un barco que perteneció a su difunto marido y que lleva su propio nombre, el “Virginia”. Dice que no tiene intenciones de dejar de hacerlo, pero le preocupa la salud de la población de langostas de Maine, que, según ella, está sometida a una fuerte presión pesquera por estos días.

“Lo he hecho toda mi vida, así que podría seguir haciéndolo”, dijo Oliver.

La industria de la langosta ha cambiado a lo largo de las muchas décadas que Oliver lleva en el agua, y las langostas han pasado de ser un alimento para la clase trabajadora a convertirse en un manjar caro.

Las langostas se vendían a 28 centavos la libra (450 gramos) en los muelles cuando ella empezó a capturarlas; ahora, cuestan quince veces más. Trampas de alambre han reemplazado a las antiguas de madera, que hoy día se utilizan como decoración en las marisquerías.

Otros aspectos, sin embargo, son notablemente similares. Sigue colocando pogeys (pequeños sábalos usados como carnada) en las trampas para atraer a los crustáceos. Y sigue levantándose mucho antes del amanecer para subirse al barco y hacerlo.

En cierto modo, estaba destinada a esta vida. Su padre había sido comerciante de langostas desde principios de siglo y le inculcó el amor por esa actividad a Oliver, que lo acompañaba en sus viajes.

Wayne Gray, amigo de la familia que vive cerca, dice que Oliver tuvo un breve susto hace un par de años cuando un cangrejo le hizo un tajo en un dedo y tuvieron que darle siete puntos. Sin embargo, nunca se planteó colgar sus trampas para langostas.

“El médico la retó y le dijo: ‘¿Por qué estás ahí afuera pescando langostas?’” contó Gray. “Ella respondió: ‘Porque quiero'”.

Después de todos estos años, Oliver sigue entusiasmada con una cena de langosta y suele prepararla una vez por semana. Y no tiene planes de dejar de pescar langostas a corto plazo.

“Me gusta hacerlo, me gusta estar junto al agua“, dice. “Y por eso voy a seguir haciéndolo mientras pueda”.

Fuente: Associated Press

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