Atuneros de EE.UU. podrán pescar en áreas protegidas del Océano Pacífico tras orden de Donald Trump

El presidente Donald Trump ha levantado la prohibición de pesca comercial en una de las mayores zonas protegidas del Océano Pacífico Central, permitiendo a las flotas pesqueras estadounidenses acceder nuevamente al Monumento Nacional Marino del Patrimonio de las Islas del Pacífico. Esta área de aproximadamente 495,000 millas cuadradas, antes protegida para conservar especies en peligro como tiburones, tortugas y peces, ahora está abierta a la pesca comercial, lo que ha generado controversia entre conservacionistas y la industria pesquera.

La controversia sobre el levantamiento de la prohibición

La decisión de Trump ha generado reacciones encontradas. Los representantes de la industria pesquera han elogiado la medida, considerándola como una forma de reducir la regulación excesiva y corregir los desequilibrios comerciales derivados de la pesca industrial. Sin embargo, grupos conservacionistas locales han condenado rápidamente la orden, calificándola de un retroceso en los esfuerzos por proteger la biodiversidad del Pacífico. Los defensores del medio ambiente argumentan que la medida pone en riesgo especies marinas vulnerables y podría resultar en una competencia desleal para los pescadores artesanales, ya que se permitirá a los atuneros comerciales operar en áreas previamente protegidas.

La pesca de atún en zonas protegidas

Uno de los puntos más controvertidos de la orden es la posibilidad de que se reanude la pesca comercial de atún en aguas protegidas. Los atuneros de EE.UU., quienes operan a gran escala, se beneficiarán directamente de esta medida, ya que el atún es una de las principales especies objetivo de la pesca industrial en el Pacífico. Los críticos de la decisión sostienen que las restricciones de pesca en estas áreas protegidas, como el Monumento Nacional Marino del Patrimonio de las Islas del Pacífico, han demostrado ser eficaces para aumentar la biomasa de atún, beneficiando indirectamente a los pescadores en áreas cercanas. No obstante, la industria pesquera argumenta que estas áreas protegidas no han sido efectivas para conservar los atunes, ya que estos migran fuera de los límites de las zonas restringidas, dificultando su captura.

Posibles cambios en otras áreas protegidas

La orden de Trump también ha desatado especulaciones sobre la posibilidad de que otras áreas marinas protegidas en el Pacífico, como la de Papahānaumokuākea, puedan ser abiertas a la pesca comercial en el futuro. La cláusula incluida en la orden le otorga al Secretario de Comercio de EE.UU. la tarea de revisar todos los monumentos marinos y recomendar, dentro de un plazo de 180 días, si alguna otra área debe abrirse a la pesca comercial. Este aspecto ha generado gran preocupación entre los grupos ecologistas, quienes advierten que abrir más áreas a la pesca comercial podría tener consecuencias negativas para la biodiversidad marina.

El debate sobre la sostenibilidad

Mientras algunos sostienen que la pesca comercial debería reanudarse en estas áreas protegidas para reducir la presión sobre la industria y mejorar la competitividad, otros, como Maxx Phillips del Centro para la Diversidad Biológica, critican la decisión. Phillips señaló que las áreas remotas del Pacífico no son solo puntos en un mapa, sino que representan “salvavidas de biodiversidad y patrimonio cultural”. Según él, esta decisión pone en riesgo la integridad ecológica del océano en favor de ganancias a corto plazo. Además, agregó que los impactos de esta medida podrían ser desastrosos para la vida marina, ya que las especies ya se encuentran en una situación de vulnerabilidad.

La postura de la administración Trump

El Secretario de Comercio de EE.UU., Howard Lutnick, defendió la decisión durante la ceremonia de firma de la orden, sugiriendo que los pescadores estadounidenses deberían tener la oportunidad de pescar en estas áreas, dadas las dificultades económicas que enfrenta la industria. Junto a Lutnick, en la ceremonia estuvo Kitty Simonds, directora ejecutiva del Consejo Regional de Gestión Pesquera del Pacífico Occidental, quien ha sido una firme defensora de la apertura de las áreas marinas protegidas a la pesca comercial. Según Simonds, las restricciones en estas zonas no han sido efectivas para proteger las poblaciones migratorias de atún y otras especies, y la reanudación de la pesca en estas áreas podría contribuir a mejorar los rendimientos de la industria pesquera.

El futuro de las áreas protegidas

La orden también podría abrir la puerta a una mayor flexibilización de las regulaciones sobre otras áreas marinas protegidas en el futuro. En particular, se especula si el área de Papahānaumokuākea, actualmente protegida por un santuario marino, podría ser también susceptible de apertura para la pesca comercial. Papahānaumokuākea ha sido un punto clave de conservación desde su designación como Monumento Nacional Marino en 2006, y la reciente designación de Santuario Marino Nacional podría ser objeto de cambios bajo la nueva administración.

La lucha legal

El abogado de la organización Earthjustice, David Henkin, advirtió que Trump no tiene la autoridad bajo la Ley de Antigüedades de EE.UU. para revertir las protecciones implementadas por sus predecesores. Henkin subrayó que la pesca comercial no debería reanudarse en estas áreas sin un cambio legislativo aprobado por el Congreso. Earthjustice ha anunciado su intención de impugnar la orden en los tribunales, defendiendo los derechos de las especies marinas y el ecosistema de la región.

 

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