Taiwanesa es sentenciada a cárcel por comercio ilegal de 652 aletas de Tiburón

El 7 de febrero, un juez de Costa Rica dictó la primera sentencia de prisión por el comercio ilegal de aletas de tiburón.

Después de una prolongada batalla judicial, una empresaria de origen taiwanés fue sentenciada a cumplir seis meses de cárcel por un motín pesquero de 652 aletas de Tiburón desprendidas de los cuerpos de los animales, una práctica comúnmente conocida como aleteo de Tiburón.

El caso; sin embargo, tuvo un giro desagradable. Atados en pequeños paquetes cada uno de 30 pulgadas de largo, los “tiburones” que los funcionarios de aduanas y pesca recuperaron de los almacenes frigoríficos a bordo del barco de pesca en 2011 tenían poco parecido a los animales reales.

“Ellos estaban doblados y atados con cuerdas, casi como un regalo de cumpleaños”, testificó uno de los funcionarios que estuvo presente en el muelle de aterrizaje. Su declaración consta en los registros judiciales del decomiso.

Mientras los funcionarios abrían los paquetes congelados y revisaban su contenido en el muelle pesquero de la ciudad portuaria occidental de Puntarenas, la escena pasó de desconcertante a horrible. La mayor parte de la carne había sido tallada y sólo una espina dorsal sangrienta daba un vago parecido a un Tiburón.

Las aletas, la parte más valorada del animal (si conoce al comprador adecuado), apenas estaban adheridas por pequeñas tiras de piel. Los oficiales contaron 151. Recordemos que las aletas de Tiburón se utilizan principalmente para sopa de aleta de Tiburón, una delicadeza china, y son uno de los productos de mariscos más caros del mundo.

Los miembros de la tripulación de origen asiático, ninguno de los cuales hablaba español, requerían la traducción del propietario del buque. Ellos probablemente querían pasar por alto una Ley costarricense del 2005 contra el aleteo de tiburón que dice que las aletas del Tiburón deben llegar al puerto naturalmente unidas a los cuerpos de los animales. Estas, sin embargo, no deben estar adheridas mediante ningún mecanismo artificial que los mantenga en ese lugar.

El aleteo de tiburón no es de ninguna manera un fenómeno nuevo. A medida que la demanda global aumentó a finales del siglo XX y el espacio de almacenamiento en los barcos se achicaba para la gran cantidad de producto, los pescadores de todo el mundo comenzaron a cortar las aletas y regresar los tiburones vivos sin aletas al océano.

De esta manera, maximizaban los ingresos sólo manteniendo la parte más rentable del animal, pero al mismo tiempo, afectaron a las poblaciones de escualos.

“Si los buques sólo llevan aletas, muchos más tiburones morirán, ya que los pescadores pueden empacar más en el mismo espacio de almacenamiento”, explicó Erick Ross, director científico de la Fundación Marviva, una importante ONG de conservación marina en el Pacífico Oriental Tropical.

El empacado de estas aletas fue entonces toda una novedad. El caso fue tan inusual que en el en 2013 incitó a Interpol a alertar a sus 190 países miembros sobre este modus operandi.

 

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