Quito vuelve a cubrirse de blanco: ¿Por qué las fuertes granizadas no son nieve?

El episodio del 7 de octubre no es la primera vez que Quito amanece o termina una jornada cubierta de blanco. En distintos años, intensas tormentas de granizo han transformado calles, avenidas y barrios de la capital ecuatoriana en paisajes que, a primera vista, pueden confundirse con una nevada.

La reciente granizada volvió a poner sobre la mesa una pregunta que reaparece cada vez que ocurre uno de estos episodios: ¿podría realmente nevar en Quito?

Las imágenes de calles cubiertas por una gruesa capa blanca pueden resultar sorprendentes, especialmente para quienes observan el fenómeno desde otras regiones. Sin embargo, en la mayoría de estos casos no se trata de nieve, sino de grandes cantidades de granizo acumuladas en pocos minutos durante una tormenta convectiva.

El fenómeno tampoco es exclusivo del episodio del 7 de octubre. Quito y otras ciudades de la Sierra ecuatoriana han experimentado anteriormente fuertes granizadas, algunas de ellas con acumulaciones suficientes para cubrir completamente las vías, dificultar el tránsito y generar problemas en viviendas, vehículos y cultivos. En ocasiones, la cantidad de hielo acumulado ha sido tan importante que las calles han adquirido el aspecto de una ciudad nevada.

Estas escenas pueden generar confusión porque tanto la nieve como el granizo son formas de precipitación sólida. Sin embargo, se forman de manera diferente y requieren procesos atmosféricos distintos. La nieve se origina a partir de cristales de hielo que forman copos dentro de nubes frías y necesitan atravesar una columna atmosférica suficientemente fría para llegar al suelo sin derretirse. El granizo, en cambio, crece dentro de poderosas nubes de tormenta gracias a las corrientes ascendentes que transportan gotas de agua hacia regiones donde las temperaturas están por debajo de 0 °C.

¿Podría nevar en Quito?

En términos meteorológicos, una nevada a nivel de la ciudad no es imposible, pero sí extremadamente inusual. Quito se encuentra aproximadamente a 2.850 metros sobre el nivel del mar, una altitud que favorece temperaturas relativamente bajas. Sin embargo, para que los copos lleguen hasta la superficie sería necesario que la atmósfera presentara una capa suficientemente fría durante todo o gran parte de su descenso.

Que la temperatura sea baja en Quito no significa automáticamente que pueda nevar. Lo determinante es la temperatura de toda la columna de aire que atraviesa la precipitación, además de las condiciones de humedad y de formación de los cristales de hielo.

Por eso, una tormenta puede producir abundante granizo sobre la capital mientras la temperatura en las calles permanece varios grados por encima de 0 °C.

Un fenómeno que Quito ya ha experimentado

Los episodios de granizo intenso forman parte de la historia meteorológica de Quito y de otras ciudades de la Sierra ecuatoriana. En años anteriores también se han registrado tormentas capaces de cubrir sectores urbanos con hielo, afectando la circulación y provocando daños en infraestructura y actividades agrícolas.

¿Dónde sí puede nevar en Ecuador?

Las condiciones son muy diferentes en las zonas de mayor elevación. En las cumbres de los grandes volcanes ecuatorianos, como el Chimborazo y el Cotopaxi, las temperaturas pueden mantenerse por debajo del punto de congelación, permitiendo la formación y permanencia de nieve y hielo.

La diferencia de altitud es fundamental. Mientras Quito se encuentra alrededor de los 2.850 metros, las cumbres volcánicas superan ampliamente los 5.000 metros en algunos casos, donde las condiciones térmicas son mucho más favorables para la presencia de nieve.

Fotografía: ecuavisa

 

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