Cambio climático y falta de gobernanza amenazan al Atlántico Suroccidental
El Océano Atlántico Suroccidental, una de las regiones marinas más productivas del planeta, enfrenta crecientes desafíos ambientales y de gestión que amenazan su sostenibilidad. Un reciente estudio internacional, liderado por investigadores del Instituto para los Océanos y la Pesca (IOF) de la UBC, denominado “A Call for Cooperation in the Southwest Atlantic Ocean”, advierte que la falta de coordinación entre los países de la región podría poner en riesgo tanto la biodiversidad como las economías que dependen de sus recursos.
En este contexto, el estudio describe que la vasta zona, que se extiende desde el norte de Brasil hasta el extremo sur de América del Sur, alberga ecosistemas clave para numerosas especies marinas, incluyendo peces, tiburones, calamares y ballenas. Además, sus corrientes oceánicas -como las de Brasil y Malvinas- generan condiciones ricas en nutrientes que la convierten en una de las áreas de pesca más importantes del mundo.
Asimismo, las cifras reflejan su relevancia: cerca de 900 mil personas dependen de la actividad pesquera en la región, que produce alrededor de dos millones de toneladas anuales, con un valor estimado de cinco mil millones de dólares. Sin embargo, muchas de las especies explotadas migran entre aguas nacionales y alta mar, lo que hace indispensable una gestión conjunta entre países.
No obstante, pese a esta interdependencia, no existe actualmente un organismo regional que coordine de manera integral la gestión pesquera y oceánica. Según los investigadores, esta falta de gobernanza común se vuelve cada vez más problemática en un contexto de cambio climático.
Por otro lado, en las últimas décadas, el aumento de la temperatura del mar ha alterado la distribución de las especies, obligándolas a desplazarse hacia el sur o a mayores profundidades. Esto ha generado cambios en las capturas, conflictos entre flotas y dificultades para aplicar políticas diseñadas para condiciones más estables. A ello se suma la presión de flotas pesqueras internacionales que operan cerca de los límites jurisdiccionales, así como la pesca ilegal, factores que complican aún más el control y la sostenibilidad de los recursos.
Además, otro obstáculo clave es la falta de datos confiables. En varios países, especialmente en el caso de la pesca artesanal, la información es limitada, lo que dificulta la toma de decisiones y el diseño de estrategias de conservación efectivas.
Frente a este panorama, los expertos proponen impulsar la llamada “diplomacia científica oceánica”, un enfoque que promueve la colaboración entre países para compartir información, coordinar monitoreos y desarrollar políticas conjuntas.
Finalmente, el estudio concluye que la región cuenta con capacidad científica suficiente, pero necesita avanzar en mecanismos de gobernanza que permitan transformar ese conocimiento en acciones concretas. En ese sentido, los próximos eventos internacionales sobre clima y océanos que se realizarán en Brasil podrían abrir una ventana de oportunidad para fortalecer la cooperación regional.







