Tiembla el Pacífico: Gigantesca flota asiática es vigilada frente a Chile
Cerca de 70 pesqueros extranjeros fueron detectados al norte de Rapa Nui, mientras varios centenares de buques se concentran más al norte. La Armada de Chile intensificó la vigilancia ante la creciente presencia de flotas de aguas distantes en el Pacífico Sur.
El Pacífico frente a Chile vuelve a encender las alertas. La Armada detectó cerca de 70 embarcaciones pesqueras extranjeras operando en alta mar, a unas 900 millas náuticas —1.670 kilómetros— al norte de Rapa Nui. Durante el operativo fueron observados directamente 21 pesqueros y un buque factoría, mientras que más al norte se concentra una flota que alcanza varios centenares de barcos.
La operación permitió identificar embarcaciones dedicadas principalmente a la captura de pez espada, atún y calamar gigante o jibia (Dosidicus gigas), uno de los recursos más importantes del Pacífico suroriental.
Aunque hasta ahora no se ha constatado el ingreso de estas embarcaciones a la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de Chile, donde el país ejerce derechos sobre sus recursos naturales, la magnitud de la presencia extranjera evidencia la enorme presión pesquera que existe en las aguas internacionales frente a Sudamérica.
China domina la pesca del calamar
Los registros internacionales muestran que buena parte de esta actividad de aguas distantes está protagonizada por flotas de bandera china. La dimensión de la operación es considerable: durante 2024, China registró 528 buques poteros dedicados a la captura de calamar gigante dentro del área de la Organización Regional de Ordenamiento Pesquero del Pacífico Sur (OROP-PS), acumulando más de 114 mil días de pesca.
El dato más llamativo es que, pese al aumento del esfuerzo pesquero, las capturas disminuyeron cerca de 45 % y la productividad alcanzó uno de sus niveles más bajos, una señal que pone nuevamente sobre la mesa la creciente presión sobre los recursos del Pacífico.
Estas flotas cuentan además con una enorme capacidad logística. Sus embarcaciones pueden permanecer durante meses en los caladeros y recurrir a buques frigoríficos para realizar transbordos en alta mar, reduciendo la necesidad de regresar a puerto.
Una vigilancia cada vez más intensa
Para controlar esta actividad, la Armada de Chile desplegó un avión de exploración aeromarítima P-3 Orión, que recorrió durante más de dos horas la zona donde se encontraba parte de la flota.
La aeronave descendió hasta aproximadamente 200 metros sobre el nivel del mar para obtener imágenes, identificar matrículas y observar las actividades desarrolladas por las embarcaciones. También participaron la fragata Almirante Cochrane y el remolcador de alta mar Galvarino.
La operación demuestra la dificultad de controlar un espacio oceánico gigantesco, donde la vigilancia depende cada vez más de aeronaves, satélites, sistemas de posicionamiento y cooperación internacional.
La frontera está en las 200 millas
La presencia de estos barcos fuera de las 200 millas no significa, por sí sola, que estén cometiendo una actividad ilegal. En alta mar existen normas internacionales y organismos regionales encargados de regular la explotación de los recursos pesqueros.
El problema es otro: la capacidad de fiscalización es limitada frente a flotas que pueden reunir cientos de embarcaciones y desplazarse miles de kilómetros siguiendo los recursos.
La situación adquiere especial relevancia para Chile, pero también para Perú y Ecuador, países frente a cuyas costas se registra desde hace años una intensa actividad de flotas de aguas distantes.
El calamar gigante, el atún y otras especies migratorias no conocen fronteras políticas. Por ello, lo que ocurre más allá de las 200 millas puede terminar teniendo consecuencias dentro de las aguas jurisdiccionales de los países sudamericanos.
Un Pacífico cada vez más presionado
La imagen de decenas de barcos iluminando el océano durante la noche resume la dimensión del fenómeno: una verdadera ciudad flotante opera en uno de los espacios marítimos más extensos del planeta.
Por ahora, Chile no reporta incursiones de estas embarcaciones dentro de su ZEE. Sin embargo, la concentración de cientos de pesqueros en las inmediaciones del territorio marítimo chileno confirma que la presión sobre los recursos del Pacífico Sur continúa creciendo.
El desafío ya no consiste únicamente en vigilar las 200 millas.
También es necesario saber qué ocurre más allá de esa frontera invisible, porque lo que hoy sucede en alta mar puede determinar el futuro de los recursos que sostienen la pesca y la economía de toda la región.







