Lima bajo El Niño: Concreto y poca vegetación pueden elevar hasta 6 °C la temperatura entre zonas
En medio de temperaturas inusuales en la capital, una investigación de la UNALM revela que la concentración de concreto, asfalto, menor vegetación y circulación del viento pueden generar marcadas diferencias térmicas entre zonas urbanas.
El fenómeno El Niño costero mantiene a Lima bajo temperaturas inusualmente altas para esta época del año. Sin embargo, el calor no se siente igual en toda la capital. Una investigación de la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM) encontró que, bajo determinadas condiciones, una zona altamente urbanizada puede registrar una temperatura del aire hasta 6 °C mayor que un área menos urbanizada.
El hallazgo cobra especial relevancia en momentos en que el Senamhi ha advertido un incremento de las temperaturas en Lima y la costa, con condiciones térmicas por encima de lo habitual para la primavera debido al escenario de El Niño costero.
La investigación de la UNALM muestra que, además de las condiciones climáticas generales, la forma en que está construida la ciudad puede aumentar o reducir el calor que experimentan las personas. Pistas, veredas, paredes y edificios absorben energía durante el día y la liberan lentamente después de que se oculta el sol.
Por ello, a las ocho de la noche algunas calles pueden continuar irradiando calor mientras otras zonas se enfrían con mayor rapidez. Los sectores del este de Lima, como Ñaña y sus alrededores, registraron las diferencias más pronunciadas en los periodos analizados.
Para el rector de la UNALM, Ph. D. Alberto Barrón López, estos resultados muestran la importancia de trasladar la ciencia hacia la planificación urbana. “La información climática puede ayudar a los municipios a decidir dónde priorizar árboles, sombra, corredores de ventilación y materiales urbanos que acumulen menos calor”, señaló.
Concreto, árboles y viento hacen la diferencia
Para entenderlo basta comparar dos calles. Una está rodeada de pistas, edificios y concreto; la otra posee árboles, sombra y espacios abiertos. Ambas reciben radiación solar, pero el cemento y el asfalto almacenan más energía y la liberan lentamente durante varias horas.
Por eso el efecto puede hacerse más intenso entre las 7 y las 10 de la noche. En los periodos estudiados, incluso fue mayor durante el invierno. La ubicación también influye. Una misma tarde puede sentirse distinta en Magdalena y Ñaña. Cerca del mar, la brisa ayuda a dispersar parte del calor, mientras que hacia el este este efecto disminuye.
La investigación confirma así que Lima no funciona como un solo bloque climático: cada sector responde de manera diferente según su ubicación, vegetación, densidad de construcciones y circulación del viento.
El Niño no explica por sí solo las diferencias
El trabajo fue desarrollado por la Ing. Rosario Deza Cueva, egresada de la UNALM, y el Dr. Alexis Nicolás Ibáñez Blancas, profesor del Departamento de Física y Meteorología de la misma casa de estudios.
Los investigadores utilizaron registros de nueve estaciones meteorológicas del Senamhi y modelamiento urbano para analizar cómo cambia la temperatura del aire a lo largo del día.
Un aspecto clave es que seleccionaron periodos sin episodios fuertes de El Niño o La Niña y de esta manera pudieron observar con mayor claridad cuánto influyen las características propias de la ciudad en las diferencias de temperatura.
Esta precisión resulta especialmente importante frente al escenario actual: El Niño puede elevar las temperaturas generales de Lima, pero el diseño urbano ayuda a explicar por qué ese incremento puede sentirse de manera distinta en cada zona.
No existe una sola solución para toda Lima
El Dr. Ibáñez señala que los resultados pueden ayudar a evitar que todas las municipalidades apliquen una misma respuesta frente al calor.
Un barrio con poca vegetación puede necesitar más árboles y sombra; otro podría requerir conservar espacios abiertos que permitan circular el viento; mientras que las zonas dominadas por concreto y asfalto podrían revisar los materiales empleados en calles y construcciones.
“La idea es que las decisiones se apoyen en evidencia sobre cómo se comporta realmente el calor en cada zona”, explica el investigador.
Un estudio previo de la propia UNALM aporta otra pista. Al comparar el corredor verde de la avenida Arequipa con calles próximas sin una cobertura vegetal similar, los investigadores encontraron que la vegetación contribuía a reducir el efecto de isla de calor. Esto no significa que plantar árboles sea la única solución, sino que la planificación urbana sí puede modificar las condiciones térmicas de una ciudad.







