Los castores, aliados en la lucha contra el cambio climático
La lucha contra el cambio climático y sus efectos se ha convertido no solo en una tarea para la ciencia y la academia, sino también para todo ser humano e, incluso, para los animales que habitan el planeta Tierra.
Desde hace mucho tiempo, la fama de los roedores está dividida entre la población humana. Por un lado, tenemos a ratas y ratones utilizados durante las primeras etapas de la investigación médica. Por el otro, están las ratas que se alimentan de nuestra basura. Sin embargo, existe un roedor semiacuático con el que deberíamos estar agradecidos.
¿Su nombre? El castor. Un animal con grandes cantidades de hierro en su esmalte dental, lo que le proporciona a su dentadura la capacidad de cortar madera; gran consumidor de corteza de árbol, plantas terrestres y acuáticas; además de ser un buzo y nadador innato, según el World Wide Fund for Nature. Por si fuera poco, sus acciones para combatir el cambio climático no son insignificantes.
Un estudio realizado por la University of Birmingham reveló que los diques construidos por castores funcionan como una especie de filtro capaz de atrapar dióxido de carbono (CO₂). Al año, pueden almacenar hasta 10,1 toneladas por hectárea. Este gas es absorbido gracias al cúmulo de sedimentos: tierra, rocas y madera, principalmente. Y, al final, solo se emite un 0,1 % de metano.
Por si fuera poco, el Journal of Applied Ecology señala que las estructuras construidas por los castores son un lugar idóneo para albergar polinizadores como mariposas, abejas y polillas diurnas. No por nada Patrick Cook y los investigadores involucrados en el estudio afirman: “los humedales de castores deberían considerarse una estrategia de recuperación de la naturaleza escalable para revertir la disminución de polinizadores”.
Las represas creadas por estos roedores también mejoran la calidad del agua y limitan la propagación de incendios forestales. Según el Stanford Report, las diferentes colonias de castores construyen múltiples represas en una misma zona, creando una red de humedales. Esto genera una barrera hídrica natural capaz de frenar el avance del fuego. En términos de inundaciones, los diques, al detener la corriente del agua en ciertas zonas, pueden prevenir la erosión y reducir el riesgo de desbordes.
Como hemos visto, los castores benefician a la Tierra de muchas maneras. Lo mínimo que deberíamos hacer para agradecer su labor es dejarlos vivir. Al hablar sobre cambio climático, los humanos tendemos a minimizar las acciones realizadas por otros seres vivos. Esto es un error, no solo por nuestra incapacidad de reconocimiento, sino porque, si prestáramos más atención al mundo natural, podríamos encontrar soluciones más sostenibles para enfrentar este problema.
Recogido de LaJornada







