El Niño en Ecuador: Hay riesgo, pero un desastre como el de 1997–1998 no está confirmado
El informe ERFEN describe un calentamiento intenso del océano, afectaciones por lluvias y perspectivas preocupantes para la Costa y Galápagos. Sin embargo, aclara que la intensidad final del evento todavía no está definida.
Ecuador tiene razones para tomar en serio las señales de El Niño, pero no para presentar como inevitable una repetición del desastre de 1997–1998. Esa es la diferencia fundamental que se desprende del Informe Técnico Ejecutivo ERFEN Nro. 012-2026, fechado el 5 de noviembre: el documento plantea un escenario potencialmente muy fuerte o extraordinario, aunque precisa que esa valoración es una perspectiva y no una clasificación definitiva.
El reporte describe un océano con temperaturas muy superiores a las habituales, lluvias que ya han provocado afectaciones y condiciones que podrían mantenerse durante los próximos meses. Sus conclusiones respaldan la prevención anticipada; no una sentencia sobre la magnitud exacta de los daños futuros.
Un océano que acumula calor
Entre los indicadores más importantes figuran anomalías de temperatura superficial de 5,4 °C por encima de lo normal en la región Niño 1+2, en el Pacífico oriental, y de 3,4 °C en la región Niño 3.4, en el Pacífico central. El calentamiento tampoco se limita a la superficie: el informe registra aguas cálidas a profundidades de entre 80 y 100 metros en las estaciones costeras analizadas.
Esto significa que existe una reserva de calor dentro del océano. Según el documento, la profundización de la termoclina y el avance de una onda Kelvin de hundimiento contribuyeron a mantener las condiciones cálidas frente a Ecuador. Junto con otros factores atmosféricos, esas aguas favorecieron la formación de nubosidad y lluvias intensas.
El nivel del mar también presenta anomalías importantes: las mediciones satelitales citadas al 4 de noviembre lo situaron 47 centímetros por encima de lo normal en Galápagos y 46 centímetros frente al continente. Aunque son valores cercanos a los registrados frente a Ecuador en diciembre de 1997, el informe limita expresamente esa comparación al nivel del mar, no al comportamiento completo del evento ni a sus consecuencias.
Las afectaciones ya están presentes
La preocupación no descansa únicamente en los pronósticos. Según el balance incluido en el informe, entre el 1 de octubre y el 4 de noviembre se registraron 806 eventos asociados con las lluvias y 26.367 personas afectadas en el país. Durante octubre también se contabilizaron 107 desbordamientos de cuerpos hídricos.
Entre los registros diarios de precipitación destacan 216,7 milímetros en Guayaquil–INOCAR, el 26 de octubre, y 196,4 milímetros en Baltra, el 30 de octubre. En varias estaciones, los acumulados mensuales superaron los de octubre de 1982 y 1997. Sin embargo, comparar un mes específico no permite concluir que toda la temporada tendrá el mismo comportamiento o consecuencias mayores que aquellos episodios.
Costa y Galápagos, bajo especial atención
Para noviembre, el escenario más probable descrito por el Comité es de precipitaciones por encima de lo normal en el Litoral y la región Insular. El panorama no es uniforme: en la Sierra se prevén diferencias entre el callejón interandino y las estribaciones, mientras que para la Amazonía se plantean lluvias ligeramente inferiores a lo normal en el conjunto regional.
En Guayaquil, el documento advierte sobre una combinación particularmente delicada: lluvias intensas, niveles elevados del río Guayas y mareas altas durante los aguajes. Si estos factores coinciden, podrían dificultar la evacuación del agua y agravar las inundaciones, especialmente en sectores con drenaje limitado. No se trata de una predicción de inundación inevitable, sino de una condición de riesgo que requiere seguimiento.
Prevenir sin convertir la incertidumbre en certeza
Los modelos citados prevén que El Niño continúe activo y que el calentamiento del Pacífico ecuatorial central alcance su máxima intensidad entre noviembre y diciembre de 2026. Para Ecuador, el Comité considera posible un evento muy fuerte o extraordinario, comparable en intensidad con los de 1982–1983 y 1997–1998. La palabra decisiva es “posible”: el propio informe mantiene abierta la evaluación.







