Ollanta Humala celebró lo que no pudo defender en tribunales internacionales

UN TRIUNFO QUE HUELE A DERROTA
directoraUN TRIUNFO QUE HUELE A DERROTA:
Desde que se inició la demanda ante la Corte Internacional de La Haya, para poner fin al diferendo marítimo entre Perú y Chile; observamos la imagen viva de la preocupación y desesperación, del poderoso pesquero Roberto Angellini, el mayor emporio que opera en la zona marítima que nuestro país venia reclamando (norte de Arica). El magnate, acostumbrado a manejar el sector pesquero chileno a medida de sus intereses empresariales, mantuvo siempre, la idea de que la “SOBERANÍA SE HACE DE HECHO Y NO SÓLO DE DERECHO” y se paso el tiempo en busca de datos históricos de pesca, que sirvieran de argumentos legales ante dicho Tribunal Internacional; pese a todo Chile, no pudo  desvirtuar los fundamentos legales que amparaban la petición peruana sobre su soberanía en el área marítima en litigio, el mismo que coincidentemente representaba para el grupo Angellini el 30% del negocio de su empresa Corpesca, es decir una captura de entre 270 y 320 mil toneladas de especies, principalmente Jurel y Anchoveta, por ello su temor a que el fallo fuera adverso.
Chile, es un país en el que siempre se ha impuesto una especie de salvaje autoritarismo, como medida de poder, el sentirse rezagado geográficamente  a una minúscula franja costera donde la vida marina escaseaba y la fuerza de trabajo no existía,  conllevó a usar simultáneamente  la astucia  y sumisión, permitiéndoles caminar en la espesura de la ignominia arrasando con lo que encontraba a su paso, con la única finalidad de conseguir sus preciados anhelos, armas para “hacerse respetar” y expansión territorial que le permitiera tener naturalmente lo que no podía conseguir con esfuerzo humano. La invasión de Arica y Tarapacá en Perú y Antofagasta de Bolivia, es una muestra clara de su “meritoria” guerra. Quizá por eso no llamó la atención que defendiera una línea horizontal perpendicular a sus costas, y las sustente “legalmente” con simples acuerdos de los años 1952 y 1954, considerándolos acuerdos definitivos, cuando en realidad fueron simples convenios regulatorios de pesca, que se dieron en un momento crucial para ambos países, invadidos marítimamente por embarcaciones extranjeras, que violentando todo tipo de control saqueaban nuestros recursos marinos; ello motivó que la Cancillería Peruana se reuniera con sus pares de Ecuador y Chile, para buscar diplomáticamente una formula de protección en nuestras zonas costeras. Aquí nace el DS N° 781 que establece el límite de nuestro Mar territorial en una extensión de 200 millas, promulgado el 1° de agosto de 1947.
Chile tardo cinco años para darse cuenta, que la iniciativa peruana de proteger sus recursos de la invasión extranjera, debería de ser apoyada y garantizada por los actores de este tipo de latrocinios, por ello entre el 11 al 16 de agosto de 1952, convoca en Santiago a una Conferencia sobre la Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, evento que se enmarco en el tema económico y la de protección a, de los recursos marinos, específicamente por la invasión de naves extranjeras que cazaban Ballenas. Dos años más tarde, los tres países, es decir Ecuador, Perú y Chile, firman el Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima, en el que consideran una zona de tolerancia o de límites para evitar la multa a los pescadores artesanales que invadan espacios marinos fronterizos, firma que se dio el 4 de diciembre de 1954. Ambos convenios, que sólo se limita a temas de protección y sanciones en zonas fronterizas marítimas, son utilizadas por los chilenos como sustentos legales para justificar su “soberano territorio”,  desconociendo por completo el TRATADO DE LIMA firmado en 3 de junio de 1929, en el que se establece las FRONTERAS EN LOS TERRITORIOS DE PERÚ Y CHILE, incluso, ante la intencionalidad de las autoridades mapochas de ceder salida al Mar al vecino país de Bolivia, por territorio anteriormente peruano, nuestro país exigió la firma de un protocolo complementario en la que se estipule, que Chile no cedería ningún territorio sin consultar primero al Perú.
La historia de la demanda, es conocida, no se le dio la importancia, menos la concientización debida, por ello los casi 31 millones de peruanos, se mantuvieron en vilo el pasado 27 de enero, para escuchar la sentencia que emitiría esta instancia internacional, fallo inapelable, cuya ejecución de cumplimiento inmediato, dividió las opiniones de los peruanos, entre descontentos y favorables,  entre opiniones y críticas, de las que no se salvaron los protagonistas de tan histórico proceso, como el ex –secretario de la ONU Javier Pérez de Cuellar, a quienes cuestionaron la pasividad con la que defendieron los convenios y tratados firmados con el país del sur. Pero el Perú, oneroso con sus representantes, los aplaudió, les dio las gracias y se dejo caminar en el limbo de la confusión ante la andanada de condiciones que impone Chile para acatar el fallo, firmar la CONVEMAR  y exigir un área territorial que YA ESTA DELIMITADA.
Es cierto, que nuestra diplomacia, no esta entre las mejores del mundo y que nuestros representantes no son tan duchos en materia de defensa internacional, salvo algunos de carrera o experimentados en la política peruana, quizá por ello la cantaleta so pretexto de la legalidad, de obtener a como de lugar un fallo. Pues bien, ya tenemos un fallo, y pocos son los que se han tomado la molestia de analizarlo,  hasta el mismo ejecutivo, priorizo halagos, reverencias,  y agradecimiento a la plancha diplomática que  dizque defendió nuestra soberanía marítima ante La Haya, relegando a último plano el daño a nuestras costas y más aún a los pescadores artesanales, que una vez más se sintieron defraudados. Los especialistas y analistas que desfilaron por los diversos medios de comunicación, expusieron similares posiciones respecto al límite marino, aunque más radicales en la defensa marina, fueron los marinos. Pero entonces ¿Qué celebraron? La orfandad del Estado Peruano? ¿Cuánto le costo al Estado todo el proceso, desde el inicio hasta su culminación?.
El civismo no tuvo cupo menos espacio en la política de Estado, impulsada por un mal llamado gobierno nacionalista, cuyo gobernante lejos de sentar posición patriótica en la defensa de nuestra soberanía marina, se mantuvo con perfil bajo y dejó en manos de “su plana” diplomática que le dio el triunfo, un triunfo que en realidad huele a completa derrota.

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